¿Acaso el advenimiento de la web y la inteligencia artificial abren una nueva grieta en las relaciones del saber con lo real? ¿Cómo se ubica el psicoanalista, entonces, para no terminar como síntoma olvidado?
Habitamos un mundo cada vez más artificial, algorítmico (por eso matemático) y automatizado. Es en esa emergencia epocal que hace falta explorar e investigar lo singular en psicoanálisis.
Si antes poníamos en cuestión (en nuestro propio ámbito) el avance de discursos encorsetados que repetían fórmulas vacías, hoy nos encontramos saturados de divulgadores light, con saberes compactados, prêt-à-porter, listos para hacernos animar-dominar y consumir.
Lo singular en psicoanálisis nos lleva al corazón del ser del sujeto, donde anida una falta que se acompasa y ecualiza. A Freud lo llevó a descubrir el inconsciente, a Lacan a inventar el objeto a.
Y es atravesando el discurso del psicoanálisis que puede advenir en el sujeto otro estilo, el que se produce en el encuentro que la transferencia pone en causa.
Allí se erige lo singular, lo singular del encuentro con lo real, borde con lo imaginario y lo simbólico, lo que queda indeciso entre frase y fonema, entre
Litoral entre saber y goce, el que se despliega en este libro a través de secuencias clínicas.
Eso se canta dirá Lacan a propósito de cómo Joyce juega con el lenguaje para inventarse un nombre en el encuentro con lo real. Se canta, del inglés to sing, donde anida el sing de lo singular del sujeto, por la vía de una letra que equivoca su origen elevándose en ese mismo acto. Se canta dice la referencia del seminario 18 donde se alude a las mujeres y al canto que requiere del vaciamiento del órgano para que asome la voz.
Este libro explora la musicalidad en la cura psicoanalítica, en África la voz es una flauta cuando está bien alineada (ecualizada podemos decir) con el click, el diapasón musical que cada una y cada uno porta como potencia real singular.
Otro estilo y otro nivel del 1 es la propuesta de la clínica psicoanalítica, la que por la transferencia y no en solitario individualismo reescribe lo ruinoso del sujeto extrayendo de esa misma operatoria un sesgo práctico para vivir mejor.
Esta escritura, sí, en zigzag y en un movimiento sinuoso, se propone un diálogo entre colegas y una orientación para nuevas generaciones de analistas, ya decididamente inmersos en una vida digital y virtual, en la apuesta de que las paredes del consultorio analítico sigan albergando la escucha más potente que se haya inventado, la del psicoanálisis.
Habitamos un mundo cada vez más artificial, algorítmico (por eso matemático) y automatizado. Es en esa emergencia epocal que hace falta explorar e investigar lo singular en psicoanálisis.
Si antes poníamos en cuestión (en nuestro propio ámbito) el avance de discursos encorsetados que repetían fórmulas vacías, hoy nos encontramos saturados de divulgadores light, con saberes compactados, prêt-à-porter, listos para hacernos animar-dominar y consumir.
Lo singular en psicoanálisis nos lleva al corazón del ser del sujeto, donde anida una falta que se acompasa y ecualiza. A Freud lo llevó a descubrir el inconsciente, a Lacan a inventar el objeto a.
Y es atravesando el discurso del psicoanálisis que puede advenir en el sujeto otro estilo, el que se produce en el encuentro que la transferencia pone en causa.
Allí se erige lo singular, lo singular del encuentro con lo real, borde con lo imaginario y lo simbólico, lo que queda indeciso entre frase y fonema, entre
Litoral entre saber y goce, el que se despliega en este libro a través de secuencias clínicas.
Eso se canta dirá Lacan a propósito de cómo Joyce juega con el lenguaje para inventarse un nombre en el encuentro con lo real. Se canta, del inglés to sing, donde anida el sing de lo singular del sujeto, por la vía de una letra que equivoca su origen elevándose en ese mismo acto. Se canta dice la referencia del seminario 18 donde se alude a las mujeres y al canto que requiere del vaciamiento del órgano para que asome la voz.
Este libro explora la musicalidad en la cura psicoanalítica, en África la voz es una flauta cuando está bien alineada (ecualizada podemos decir) con el click, el diapasón musical que cada una y cada uno porta como potencia real singular.
Otro estilo y otro nivel del 1 es la propuesta de la clínica psicoanalítica, la que por la transferencia y no en solitario individualismo reescribe lo ruinoso del sujeto extrayendo de esa misma operatoria un sesgo práctico para vivir mejor.
Esta escritura, sí, en zigzag y en un movimiento sinuoso, se propone un diálogo entre colegas y una orientación para nuevas generaciones de analistas, ya decididamente inmersos en una vida digital y virtual, en la apuesta de que las paredes del consultorio analítico sigan albergando la escucha más potente que se haya inventado, la del psicoanálisis.
Santiago Deus
Psicoanalista. Inició su práctica en los hospitales Tobar García y Moyano, coordinando talleres de arte. Es miembro AME de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, donde regularmente dicta seminarios. Participante de la reunión Lacanoamericana de psicoanálisis y de la Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano. Docente en hospitales públicos como Santojanni, Argerich, Pirovano y Ameghino.
Profesor titular en UMSA en clínica de niños y adolescentes.
Coautor del libro Corte y Empalme: lo Real del Síntoma. Autor en esta misma editorial del libro La Interpretación Psicoanalítica, entre Sonido y Sentido.














