Hoy en día, del siglo XX al XXI, podemos sentir que ya no se trata del efecto de inhibición que producía la moral en los comienzos del psicoanálisis. En nuestra época asistimos a un debilitamiento de la ley. Se trata de un tiempo en que los sujetos, cuando salen al mundo, en muchos casos no encuentran cómo sostenerse en un discurso ni cómo hacer con el enigma del inconsciente y van al encuentro de lo real del sexo sin velo y estando fuera de discurso.
El contexto ha cambiado y el aflojamiento de la ley abre las compuertas a los síntomas contemporáneos y también a una pendiente hacia la inmoralidad. Ante esto, Jacques-Alain Miller encuentra tres tipos distintos de respuestas: los analistas que quieren una salida conservadora, restaurar la autoridad del padre y con ello se encuentran de regreso a la religión; otra, que es hacer como que no pasa nada, miran para otro lado y siguen; y la tercera, acompañar el saber de la ciencia. Para esta última convendría tener en cuenta que lo real que está en juego es que “no hay relación sexual”, es decir que podemos acompañar a la ciencia sin olvidar que el sexo agujerea el saber.
Para hacer existir la relación sexual tendría que ocurrir que alguien goce del otro y no de sí mediante el otro. Pero el propio psicoanálisis ha colaborado en liberar el goce, por lo tanto, a disolver los lazos que se consideraban más estables. Lo real, como fue dicho antes, supone que “no hay relación sexual”, es decir que cada uno a lo sumo goza de sí mediante el otro.
María del Rosario Ramírez










