Teoría vincular del narcisismo

Autor: Manfredo Teicher
Editorial: Letra Viva

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La convivencia social sería imposible si diéramos rienda suelta a los deseos que surgen naturalmente en cualquier sujeto humano. En efecto, cada un0 de nosotros alberga en el fondo de su alma una criatura soberbia, que se considera con el derecho de que los demás estén a su disposición incondicionalmente, sea como objeto sexual o sumiso trabajador. Considera que la felicidad de los otros consiste en atender a aniquilados si se niegan a estas demandas. Sus caprichos y merecen ser Lógicamente, la prohibición del incesto y del homicidio, no son freno para sus pretensiones. Pero como la vida en sociedad es una necesidad vital y todos pretenden lo mismo, se hizo imprescindible controlar y limitar las pretensiones de esta criatura. El ser humano aprendió a Compartir y a colaborar con sus vecinos, es decir, a ser solidario. Para eso hemos adquirido una capa de barniz social (una identidad)
al elaborar el Complejo de Edipo internalizando la cultura, celosamente custodiada por el Super-yo. La educación forma una parte adulta de nuestra personalidad que está dispuesta a respetar al otro, reprimir esa criatura caprichosa y hacer todo el esfuerzo necesario para ganarse a través del cariño, el estudio y el trabajo, el respeto y el cariño del otro semejante. Ambas partes de nuestra personalidad -la criatura caprichosa y la que la reprime- mantienen una lucha constante y sin fin. El problema que la sociedad enfrenta sin resultados demasiado alentadores es la necesidad de frenar la hostilidad que la criatura va acumulando por las inevitables frustraciones que debe soportar. La competencia narcisista en el grupo y entre grupos, ingredientes inevitables de la vida social humana, puede ser productiva (competencias artísticas, deportivas, científicas) o destructiva (locura, genocidio y guerra) colocando en el medio de estos extremos la división de la sociedad en clases. Intentando superar el narcisismo individual, se pretende recuperar desmedidos privilegios (a los que hubo que renunciar para sí) para el grupo de pertenencia.